martes, 14 de julio de 2026

Football is coming home

Football is coming home



Lo expresaré antes que suceda, primeramente por el placer de exponerlo, pero también, y entre otras cosas, para evitar que se me acuse de subirme a la carroza de los triunfadores, si resulta finalmente como me gustaría que sucediese.
Con todo y con todo, dejando de momento a un lado la atmósfera post-catástrofe que nos embarga, y su necesaria discusión, en este post declaro que sí he estado muy pendiente de la Copa Mundial 2026, como siempre lo he estado desde 1978, gracias a Dios. Ha sido una de las firmas en que me he distanciado de la atmósfera de pesadumbre que nos circunda y abarca a todos en Venezuela actualmente.
Es incluso paradójico, porque creo que he visto apenas tres o cuatro partidos completos; algunos los he escuchado en la radio y el resto he ido chequeando el avance en las noticias, on line. Antes, hasta hace unos pocos años, no me despegaba del televisor, hasta las previas las miraba completas. En realidad, veía fútbol desde el martes en adelante. Cuanta Copa, Torneo y Liga hay, del país que fuera, lo seguía. Ahora, si acaso, será el domingo, Dios mediante, y porque será la final del Mundial.
Aunque no lo practiqué tanto como quisiera haberlo hecho -descubrí este deporte tarde, así como que tenía condiciones físicas naturales para practicarlo-, sigo el fútbol desde 1978. Fue debido al primer Mundial que viví con atención, y fue una novedad aprender que América del Sur era, futbolísticamente, más que sólo Brasil.
Por supuesto, en aquella época viví el Mundial sin todo el ruido, conspiranoico o no, que rodeó el evento, de lo cual hubo muchos testimonios contemporáneos y  posteriores, hasta de los propios protagonistas, análisis, documentales, etc.. En casa no fue importante la política. Gracias a Dios, para mis mayores lo importante, los valores, los intereses, las preocupaciones, los problemas, consistían en otras realidades.
Jamás me di cuenta, o no le di importancia al hecho de estudiar en la OEA o la ONU. Que entre mis compañeros de escuela y liceo había colombianos, cubanos, libaneses, italianos, vascos, sirios, portugueses, rumanos, de que una de las chicas de la que estaba enamorado era chilena. Para mí era anecdótico, de lo más natural, así de gallo era. Por eso a veces, no siempre, da rabia enterarse de lo que han pasado algunos compatriotas en algunos de esos países, la xenofobia de que han sido objeto. Y sé que no se trata de todos porque, sí, también hay compatriotas lamentables.
Así que, para mí, fue transparente si el Mundial estuvo o no arreglado. No ha sido como después, cuando uno entiende que la politiquería más que la política, los intereses, las ideologías y la moralina en pugna, más que las ideas y los valores reales,  condicionan eventos que implican la afluencia de grandes masas de consumidores y prosélitos, negocios, dinero, posibilidades de dominación.
Por eso, mis primeros héroes futbolísticos fueron Tarantini, Kempes, Ardiles, Passarella, Gallego, Holguín, Luque, Fillol, así como también, en otras selecciones, de Rummenigge, Fischer, Maier, Förster, Kaltz, Müller, Neeskens, Krol, Rensenbrink, los hermanos Van de Kerkhof, Rep, Nanninga, Platini, Tresor, Zoff, Causio, Bettega, Rossi, Schirea, Cabrini, Rivelino, Zico, Sócrates, Cerezo, Cubillas, Chumpitaz...
A partir de entonces, cada cuatro años, siempre mis favoritos eran Argentina y Brasil. Después de 1982 añadí a Alemania (antes de la Unificación, sólo la Occidental) e Inglaterra. Era lógico, porque la liga que más veía era la alemana, cuyos partidos transmitía el canal 5. Los fines de semana había fútbol español e Italiano en el canal 8. De modo que cuando llegaba el Mundial conocía bien qué selección tenía Alemania. Y a Inglaterra llegué por ósmosis cultural, leyendo a Bertrand Russell y a Virginia Woolf, estudiando la historia en general y la del fútbol en particular, aparte de que los Keegan, Mariner, Robson, habían tenido buen desempeño en el inolvidable mundial de 1982.
En ese torneo pasó de todo, desde el asombro de la derrota que Bélgica le infirió al campeón en el partido inaugural y la marcación de ocho jugadores contra Maradona en ese mismo partido; el escandaloso 10-1 que Hungría le clavó a El Salvador, la deslumbrante campaña y los goles de Brasil antes de tropezar con el muro italiano en segunda ronda, las golpizas permitidas por los árbitros que Claudio Gentile les propinó a Maradona y a Zico, el bochornoso tongo entre Alemania y Austria para dejar por fuera a Argelia en primera ronda, aunque también el extratiempo y, por primera vez, los penales para definir entre Alemania y Francia en semifinales.
Y así ha sido siempre mi favoritismo pre-mundial. Puedo añadir favoritos, pero Alemania, Argentina e Inglaterra siempre están, no necesariamente de primeros. 
Para este mundial quería primeramente que ganara la selección que ahora se conoce como Países Bajos, después de la adopción oficial de ese nombre como marca-país a partir de 2021. Me parece que, ya históricamente, es de las pocas tradiciones futbolísticas que aún falta por ponerse pantalones largos en un Mundial, vencer. 
Otra de esas pocas tradiciones es la de Portugal, aunque esta vez les apoyé más desde el punto de vista emocional, sentimental, porque me parece que Cristiano Ronaldo, como referente histórico del fútbol mundial, merecía el honor de levantar la Copa FIFA. Pero ese torneo nunca lo ha ganado un solo jugador, sino el equipo, y el elenco portugués, muy talentoso en el papel, no desplegó ese talento ni tuvo actitud para alcanzar el triunfo, no supo imponerse en El Campo cuando tenía que. Por eso será España el team que disputará la semifinal.
Por ahí también asomé a Uruguay, Japón y Bélgica, pero ninguno de ellos supo trascender. Se empequeñecieron cuando tenían que dar un poco más. Sabía que la versión alemana no iba a tener mucho chance en esta oportunidad porque, a diferencia de siempre, ese equipo careció de líderes. Kimmich solo no iba a echar a rodar la máquina, y tampoco entendí cómo es que el ahora ex-seleccionador Nagelsman tardó en ingresar frente a Paraguay a Undav, quien venía apareciendo a razón de gol por partido, viniendo desde la banca. Les faltó personalidad, se enredaron con la escuela guaraní, los golpes, los agarrones, los pellizcos y, bueno, les fue como les fue. Aunque es cierto que tampoco entenderé jamás cómo es que fue la de Paraguay, y no la de Venezuela, la selección que llegó a este Mundial. Mentira, sí lo entiendo, pero ese tema quedará para otro post.
También metí a Francia y a España, pero no eran ni son mis primeros favoritos. No por calidad de juego, que les sobra a ambos, sino porque me cansa que siempre ganen los mismos. Es lo que me pasa ahora con Argentina.
Dicho todo esto, cuatro de mis favoritos predichos están en la semifinal. ¿Quién quiero que gane?
Inglaterra. Ya es hora. Pero depende de ellos, de vencer sus propios complejos, de sacudirse el sambenito de que se achican cuando hay que pisar fuerte. Espero un partido emocionante, reñido, y sólo quiero que Inglaterra no se deje con Argentina. Si juega con carácter, y la suerte le acompaña, puede salir campeón. Enfrente tendrá un rival que sabe trascender, y ha demostrado con creces que está determinado a defender su título, por segunda vez en su historia, en el partido final.
Un dato: los rivales de hoy han demostrado capacidad durante el torneo, para revertir el marcador. Los de la otra llave, aunque más descansados, no han estado nunca, en los seis partidos anteriores, abajo en el marcador.
Otro dato, o varios: a) vienen partidos históricos: Argentina-Inglaterra es un clásico con mucha mala sangre de por medio; b) cualquier cruce final alude a confrontaciones históricas pasadas, Malvinas, el fracaso de la Armada Invencible contra Elizabeth I; la Guerra de los Cien Años; el martirio de Juana de Arco; la mano de Maradona y EL GOL de Maradona en 1986, de los segundos más emocionantes de cualquier Copa Mundial; Trafalgar, Waterloo y la Guerra de Independencia de las Provincias de la Plata, las invasiones napoleónicas, uno de los various movimientos a través de los cuales los pueblos de esta América hispana llegaron hasta la condición de repúblicas independientes, así haya sido nominalmente...
Todavía más: a) Si la final fuese nuevamente Francia-Argentina, cualquiera de los dos técnicos sería el segundo históricamente en vencer triunfar en dos mundiales distintos, y Scaloni, particularmente, sería el segundo en hacerlo de manera consecutiva, después que ya lo lograra Vittorio Pozzo, allá en la primera década, la de los mundiales fascistas; b) Handicap inglés: jamás un técnico extranjero ha sido campeón del mundo, Tuchel sería el primero; c) Lionel Messi sería el primer capitán en levantar la Copa en dos oportunidades consecutivas; d) La de Argentina sería la tercera selección en defender con éxito el título, revalidarlo...
Anyway...
Football is coming home.

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